jueves, 24 de septiembre de 2009

Las tiendas de toda la vida

El sol lleva calentando todo el día. Después de haber pasado toda la tarde metida en el despacho, que ni siquiera tiene ventanas porque está ubicado en el sótano de la facultad, me fui a la tienda que está al lado del piso. Es una tienda de las de toda la vida, de las que tiene un poco de todo y a las que la gente recurre para adquirir cosas puntuales pero no para hacer la compra. Allí una señora con pintas de abuela discutía sobre economía con los tenderos, que tienen una edad similar. La verdad es que los dueños de este curioso establecimientos, de los que ya se ven pocos, son muy amables y siempre tratan de ayudar en la medida de lo posible al cliente para que encuentre el producto deseado.
Las estanterías están llenas de productos con el precio en etiquetas naranja fosforito como ya no se ven en las grandes superficies. Y mientras buscas el pan de molde, puedes mantener una conversación con los que atienden la caja.
Me había olvidado por un momento de la señora que hablaba sobre asuntos económicos. Venía acompañada de lo que a priori podrían parecer unos trillizos de unos 3 años. Todos vestidos con unos chándales y unas deportivas diminutas. Todos con el pelo a la taza más bien largo y muy liso. De repente me fijé en algo, uno de los niños tenia rasgos asiáticos. Entonces la escena me pareció más entrañable. Quizá cuando crezcan hagan como en el anuncio y le pregunten a sus padres, oye, ¿tú sabes que X es chino?. Bendita inocencia de los niños.

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